Estas inquietudes se plasman de la mano de un ilustre vecino, el Doctor Ricardo Fernández Irujo, entonces Diputado de
Eran comienzos de los años sesenta y hacían falta ingenieros metalúrgicos, mecánicos y eléctricos. Estudiantes esperanzados, obreros y técnicos con ambiciones y docentes con vocación fueron juntos creando los tan necesarios profesionales pero, más aún, fueron sembrando en un suelo virgen el concepto de Comunidad Universitaria.
En ese entonces las metas eran simples: la graduación de los primeros ingenieros y la construcción del edificio propio. Hoy se transformaron en la búsqueda de la excelencia académica, la generación de conocimientos a través de la investigación, la vinculación estrecha con los sectores productivos y de servicios, la formación y especialización permanente de sus propios graduados, todo ello en instalaciones que pretenden albergar cómoda y funcionalmente a los integrantes de la comunidad universitaria y social, para que en una gestión abierta y participativa, la innovación y la reforma permanente se constituyan en voluntad de cambio, efectivo y constante.
Los comienzo fueron en aulas de
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